Mañana otra vez Feria de Abril, ¡uff! siempre igual, que si Pepe esto, que si Pepe lo otro… Estoy muy cansado. Tengo metido en la cabeza al sonido de mis clientes gritando:
_ ¡Cuatro bocatas de salchichas!
_ ¡Ponme cinco latas de coca-cola!
_ ¡Y una hamburguesa de queso!
El sábado pasado, llegué muy temprano con mi hijo Juan para montar el puesto. Después mi mujer, Lola, me trajo las carnes, los panes, las salsas y demás ingredientes para preparar los bocatas.
Este trabajo me cansa mucho, pero a la vez me satisface y recompensa. Llevo cuarenta años viajando de feria en feria para sacar a mi familia adelante; al principio este ambiente me fascinaba. Tan solo tenía quince años, ¿a qué chaval no le gustaría estar toda una semana en la Feria? Me encantaba ver las caras de felicidad de las personas que se acercaban a mi puesto deseando llevarse algo a la boca. Pero ahora, estoy cansado de siempre hacer lo mismo, y no quiero que mis hijos sigan este duro camino. Estoy harto de estar siempre cocinando con tanto estrés, estar viajando continuamente sin una casa, un sitio fijo donde poder descansar.
La semana que viene me iré a la Feria de Jerez,¡estoy deseando jubilarme! Pero también estoy ahorrando porque quiero comprarme una casa en un barrio tranquilo donde vivir junto con mis hijos y nietos. Aunque no pienso deshacerme de mi vieja caravana, en ella he pasado tantos momentos felices y de descanso. En los que he olvidado todo el cansancio de tantos años aguantando a niños, extranjeros, borrachos…tantas experiencias y anécdotas que contar. En ella comprendí que todos éramos iguales, personas que buscaban trabajo, nuevas experiencias, conocer gente…En definitiva personas. Personas que sienten y padecen. Por eso voy a disfrutar de todas las ferias que me quedan, dejar el cansancio a un lado y disfrutar con los míos. Que es lo que verdaderamente importa. Mañana será un gran día.
Archivo del blog
domingo, 20 de abril de 2008
miércoles, 16 de abril de 2008
Historias de la vida
Hace unos años, no mucho tiempo. En el año 2.000 mientras yo servía en la casa de los Mightowg, sucedió una historia, que aquí os contaré. Algunas personas dicen que fue un invento de la prensa, pero yo, empleada de la familia Mightowg sé que no.
El señor Mightowg, Chin-lu Mightowg era uno de los grandes empresarios de Miami. Era de la raza china, alto, moreno, musculoso y un nuevo rico. Estaba comprometido con Patricia Solís, la hija única, del jefe de la mayor constructora del país.
Todos en aquella casa sabíamos que era una boda concertada por sus familias, y en la que no había nada de amor.
Patricia Solís era diseñadora de moda. Siempre había tenido lo que quería. Penélope y Alberto, los señores Solís la habían consentido desde su infancia. Hasta aquel momento, cuando le comunicaron que tenía que casarse con el señor Mightowg. Ella se opuso rotundamente, pero esta vez no se saldría con la suya.
Chin-lu no quería a Patricia. Pero sus padres también le exigieron que se casara por el bien de su economía familiar. Él ya estaba enamorado de otra persona, pero lo mantenía en secreto. Nadie sabía quien era su amor secreto.
Poco a poco fue pasando el tiempo. La boda estaba muy próxima. Y todos en la casa estábamos haciendo preparativos. Se celebraría en la casa donde yo trabajaba. En su gran jardín. Todo estaba listo. Los trajes, la tarta, la orquesta, el catering, lo anillos, la decoración...Todo excepto los novios que no querían que aquel día llegara.
Pero ese día llegó, era el 3 de Junio. Era un día caluroso, soleado y muy agitado. La ceremonia comenzaba a las nueve en punto.
A las ocho, los invitados empezaron a llegar, todos de etiqueta. Eran en total 500 invitados, las personas más cercanas a la familia, gobernadores, alcaldes, presidentes... Había personas de las más influyentes del país, y la entrada a la prensa estaba denegada.
El cura era amigo de la familia de la novia, y era la primera boda que dirigía pues era muy joven y se había convertido en cura hacía escasos meses. Aquella boda, le daría prestigio y fama. Por cierto, su nombre era Ángel.
A las nueve, empezó la boda. Todo parecía muy aburrido, hasta que las mesas empezaron a temblar y alguien gritó:
_¡Terremoto!
Todos se resguardaron del peligro debajo de las mesas, hasta que paró el movimiento. Entonces la boda continuó como si nada hubiese pasado. Cuando Ángel dijo:
_ ... hable ahora o caye para siempre.
La secretaria de Chin-lu gritó:
_¡No se pueden casar porque yo soy la amante de Chin-lu!
Todos soltamos un gran:
_¡Ohh!-y empezaron a pelearse todos los invitados, pues unos defendían a Chin-lu y otros lo juzgaban duramente.
Entonces para nuestra sorpresa el cura dijo:
_Lo siento, no puedo seguir con esta farsa. Debo confesar la verdad¡Soy el amante de Patricia!
Las parejas salieron corriendo en dos coches; Chin-lu y Chan-lila en la limusina de los Mightowg. Patricia y Ángel fueron en el viejo Renault de Ángel.
Desde entonces no volví a saber nada de Ángel y Patricia. Rumorean que se casaron y viajaron a Europa.
Ahora sirvo a la señora de Mightowng, en su nueva mansión, en Nueva York. Han tenido dos gemelas, Chan-la y Chan-lu. En fin, me despido que las niñas están llorando...¡uff! Ahora tengo mucho más trabajo.
El señor Mightowg, Chin-lu Mightowg era uno de los grandes empresarios de Miami. Era de la raza china, alto, moreno, musculoso y un nuevo rico. Estaba comprometido con Patricia Solís, la hija única, del jefe de la mayor constructora del país.
Todos en aquella casa sabíamos que era una boda concertada por sus familias, y en la que no había nada de amor.
Patricia Solís era diseñadora de moda. Siempre había tenido lo que quería. Penélope y Alberto, los señores Solís la habían consentido desde su infancia. Hasta aquel momento, cuando le comunicaron que tenía que casarse con el señor Mightowg. Ella se opuso rotundamente, pero esta vez no se saldría con la suya.
Chin-lu no quería a Patricia. Pero sus padres también le exigieron que se casara por el bien de su economía familiar. Él ya estaba enamorado de otra persona, pero lo mantenía en secreto. Nadie sabía quien era su amor secreto.
Poco a poco fue pasando el tiempo. La boda estaba muy próxima. Y todos en la casa estábamos haciendo preparativos. Se celebraría en la casa donde yo trabajaba. En su gran jardín. Todo estaba listo. Los trajes, la tarta, la orquesta, el catering, lo anillos, la decoración...Todo excepto los novios que no querían que aquel día llegara.
Pero ese día llegó, era el 3 de Junio. Era un día caluroso, soleado y muy agitado. La ceremonia comenzaba a las nueve en punto.
A las ocho, los invitados empezaron a llegar, todos de etiqueta. Eran en total 500 invitados, las personas más cercanas a la familia, gobernadores, alcaldes, presidentes... Había personas de las más influyentes del país, y la entrada a la prensa estaba denegada.
El cura era amigo de la familia de la novia, y era la primera boda que dirigía pues era muy joven y se había convertido en cura hacía escasos meses. Aquella boda, le daría prestigio y fama. Por cierto, su nombre era Ángel.
A las nueve, empezó la boda. Todo parecía muy aburrido, hasta que las mesas empezaron a temblar y alguien gritó:
_¡Terremoto!
Todos se resguardaron del peligro debajo de las mesas, hasta que paró el movimiento. Entonces la boda continuó como si nada hubiese pasado. Cuando Ángel dijo:
_ ... hable ahora o caye para siempre.
La secretaria de Chin-lu gritó:
_¡No se pueden casar porque yo soy la amante de Chin-lu!
Todos soltamos un gran:
_¡Ohh!-y empezaron a pelearse todos los invitados, pues unos defendían a Chin-lu y otros lo juzgaban duramente.
Entonces para nuestra sorpresa el cura dijo:
_Lo siento, no puedo seguir con esta farsa. Debo confesar la verdad¡Soy el amante de Patricia!
Las parejas salieron corriendo en dos coches; Chin-lu y Chan-lila en la limusina de los Mightowg. Patricia y Ángel fueron en el viejo Renault de Ángel.
Desde entonces no volví a saber nada de Ángel y Patricia. Rumorean que se casaron y viajaron a Europa.
Ahora sirvo a la señora de Mightowng, en su nueva mansión, en Nueva York. Han tenido dos gemelas, Chan-la y Chan-lu. En fin, me despido que las niñas están llorando...¡uff! Ahora tengo mucho más trabajo.
Villancico
En la ciudad de Belén,
ha nacido el niño Dios,
corre compra regalillos
para entrar en su corazón.
Arre, arre, arre
mi burrita buena.
Arre, arre, arre
vamos "pa"la fiesta.
lunes, 14 de abril de 2008
Poesía de San Valentín
domingo, 13 de abril de 2008
Mi Semana Santa
Esta entrada no será como todas las que estáis acostumbrados a leer sobre la Semana Santa,aquí os quiero mostrar una de sus curiosidades.Por ejemplo:las procesiones están muy bien preparadas, con sus flores, sus velas, todo muy bien montado aparentemente pero...¿ y los nazarenos ? ¿os habéis fijado alguna vez en las pintas de los nazarenos?
Pues yo en esta Semana Santa si me he fijado y he visto verdaderas locuras,empezando por los pies.Los zapatos de los nazarenos; Todos sabemos que deben de ser unos zapatos ligeros y cómodos para recorrer un largo camino, pero...¿porque tienen que ser los que se pone el abuelo los domingos para ir a misa? ¿ o los que usamos para ir al colegio?
Yo creo que las hermandades deberían de hacer unos zapatos acordes con las túnicas. Porque hay veces que te entran ganas de echarte a reír en medio de una procesión.
Bueno, espero que os haya divertido esta,mi visión de mi Semana Santa.Quería que fuera algo distinto y con algo de humor.
Comentad me para saber lo que os ha parecido.
Pues yo en esta Semana Santa si me he fijado y he visto verdaderas locuras,empezando por los pies.Los zapatos de los nazarenos; Todos sabemos que deben de ser unos zapatos ligeros y cómodos para recorrer un largo camino, pero...¿porque tienen que ser los que se pone el abuelo los domingos para ir a misa? ¿ o los que usamos para ir al colegio?
Yo creo que las hermandades deberían de hacer unos zapatos acordes con las túnicas. Porque hay veces que te entran ganas de echarte a reír en medio de una procesión.
Bueno, espero que os haya divertido esta,mi visión de mi Semana Santa.Quería que fuera algo distinto y con algo de humor.
Comentad me para saber lo que os ha parecido.
jueves, 27 de marzo de 2008
¡Bienvenid@s!
Hola a todos,bienvenidos a este, mi blog. Aquí ,iré añadiendo diversas cosillas que espero que os interesen;encuestas,trabajos de lengua,cuentos,poemas,letras de mis canciones favoritas...en fin ya lo iréis viendo.Bueno espero que lo visitéis a menudo.Podéis dejar comentarios si os apetece,un saludo.
La Sirenita
Había una vez una chica llamada Ariel, hija del mejor pescador de la ciudad. Todos allí, la llamaban “La Sirenita”, porque con su voz embelesaba a todo el que la oyera; además era la única que pensaba que los sirenos y sirenas realmente existían (a pesar de que ya tenía dieciséis años). Por aquella razón su padre no la dejaba adentrarse en el mar, pues temía que buscando su mundo “imaginario” se ahogara. Lo que su padre nunca pensó, fue que ella tuviese razón. Ariel sabía que esos extraños seres existían. Porque hace muchos años, cuando era pequeña salió a pescar con su padre, jugando cayó al mar y no sabía nadar. Entonces un joven sireno la llevó a la orilla. Algo que nunca se le olvidaría: ¡un sireno le salvó la vida!
Toda la gente se reía de ella pensando que estaba loca. Una noche, Ariel, harta de sus risas, decidió adentrarse en el mar, con el barco de su padre. Se tiró al agua con una bombona de aire y empezó a buscar a los sirenos. De pronto se encontró con aquel sireno que le salvó la vida hacía unos años, pero ya no era un niño estaba hecho todo un hombre. Ariel y Eric, el sireno, salieron a la superficie para hablar. Se llevaron tres horas charlando de todo que habían hecho desde que se conocieron. Ariel al irse estaba completamente enamorada de Eric, así que quedaron en verse al día siguiente en el mismo lugar y a la misma hora.
Ariel fue a la cita muy puntual. Era de noche y hacía mucho frío. De pronto de entre las aguas salió una “sirena” muy peculiar. En vez de cola tenía tentáculos, estaba vestida de negro y tenía un color de piel muy raro. Con voz muy ronca le dijo:
- Perdona, ¿tú eres la muchacha que estuvo ayer con el príncipe Eric?
- Sí, yo estuve ayer hablando con Eric. Pero, ¿quién eres tú? ¿Y por qué dijiste el príncipe Eric?-preguntó Ariel, tiritando.
La conversación siguió y aquella ”sirena”, que en realidad era la bruja del mar, le explicó que el príncipe Eric era hijo del rey del mar, Tritón. Pero en realidad aquella mujer no quería ayudarla, sólo quería engañarla para apoderarse del trono. Le dio una pócima a Ariel para que se la diera al príncipe y así dejarle sin voz (diciéndole que era una bebida para conseguir la felicidad eterna). De ese modo haría un cambio con el rey: la voz de su hijo por el trono del mar.
La inocente Ariel le dio aquella bebida a su amado príncipe. Para su sorpresa el príncipe no podía articular palabra. Cuando se enteró de quién le había entregado la pócima a Ariel, supo inmediatamente que era la bruja del mar. Entonces Tritón amenazó a la bruja del mar, Úrsula. Y consiguió recuperar la voz de Eric.
Ariel le pidió a su padre permiso para transformarse en sirena, pues Eric se lo había propuesto, ya que pretendía casarse con ella porque todo había vuelto a la normalidad. El pescador aceptó con pegas la proposición de Ariel, pero no tuvo más remedio que dejarla, por su felicidad.
Al cabo de un mes, Ariel y Eric se casaron siendo ya una sirena, y colorín colorado este cuento se ha mojado.
Toda la gente se reía de ella pensando que estaba loca. Una noche, Ariel, harta de sus risas, decidió adentrarse en el mar, con el barco de su padre. Se tiró al agua con una bombona de aire y empezó a buscar a los sirenos. De pronto se encontró con aquel sireno que le salvó la vida hacía unos años, pero ya no era un niño estaba hecho todo un hombre. Ariel y Eric, el sireno, salieron a la superficie para hablar. Se llevaron tres horas charlando de todo que habían hecho desde que se conocieron. Ariel al irse estaba completamente enamorada de Eric, así que quedaron en verse al día siguiente en el mismo lugar y a la misma hora.
Ariel fue a la cita muy puntual. Era de noche y hacía mucho frío. De pronto de entre las aguas salió una “sirena” muy peculiar. En vez de cola tenía tentáculos, estaba vestida de negro y tenía un color de piel muy raro. Con voz muy ronca le dijo:
- Perdona, ¿tú eres la muchacha que estuvo ayer con el príncipe Eric?
- Sí, yo estuve ayer hablando con Eric. Pero, ¿quién eres tú? ¿Y por qué dijiste el príncipe Eric?-preguntó Ariel, tiritando.
La conversación siguió y aquella ”sirena”, que en realidad era la bruja del mar, le explicó que el príncipe Eric era hijo del rey del mar, Tritón. Pero en realidad aquella mujer no quería ayudarla, sólo quería engañarla para apoderarse del trono. Le dio una pócima a Ariel para que se la diera al príncipe y así dejarle sin voz (diciéndole que era una bebida para conseguir la felicidad eterna). De ese modo haría un cambio con el rey: la voz de su hijo por el trono del mar.
La inocente Ariel le dio aquella bebida a su amado príncipe. Para su sorpresa el príncipe no podía articular palabra. Cuando se enteró de quién le había entregado la pócima a Ariel, supo inmediatamente que era la bruja del mar. Entonces Tritón amenazó a la bruja del mar, Úrsula. Y consiguió recuperar la voz de Eric.
Ariel le pidió a su padre permiso para transformarse en sirena, pues Eric se lo había propuesto, ya que pretendía casarse con ella porque todo había vuelto a la normalidad. El pescador aceptó con pegas la proposición de Ariel, pero no tuvo más remedio que dejarla, por su felicidad.
Al cabo de un mes, Ariel y Eric se casaron siendo ya una sirena, y colorín colorado este cuento se ha mojado.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
